Soy Maria, amante de la vida y de cumplir sueños.
Cuando era niña y adolescente, presencié a mi alrededor problemas de salud, sobre todo mentales, sin entender por qué sucedía eso y por qué lo trataban así. Sentía el gran deseo de, en algún momento de mi vida, crear espacios para que las personas acudieran a sanar.
A los 14 años, viví un momento muy difícil cuando casi pierdo a mi madre. En ese momento, no era nada consciente de lo que sucedía y casi no quería ni escucharlo, sin tampoco escucharme a mí misma. Escogí el camino de la disociación, con la fiesta y los excesos. Lo disfruté, pero sentía mucha desolación, angustia y desesperación por la vida.
Seguí adelante porque siempre escuché un llamado a vivir la vida con todo lo maravilloso que tiene, y confiaba en que la luz podía brillar. Estudié interiorismo, porque siempre me gustó dibujar, los espacios y las reformas, gracias a mi padre. Al terminar los estudios, comencé a trabajar con la familia de mi madre como diseñadora textil. Sentía mucho agradecimiento a mi familia por todo lo que me habían entregado, pero había algo dentro de mí que no me hacía sentir real ni auténtica. Tenía mucha curiosidad por el mundo, por mí misma, la vida y las personas. Por eso, decidí irme, a los 24 años, a Australia, siendo la primera vez que salía de mi zona de confort y tan lejos de mi gente. Fue una experiencia retadora, por ser todo tan diferente y por ser la primera vez que me enfrentaba a todo yo sola. Lloré mucho mi soledad, pero gracias a ello empecé a construir una hermosa relación conmigo misma y a dejar atrás todo lo que no me hacía bien.
La vuelta a España fue complicada, sin saber qué hacer con mi vida después de abrirme al mundo. Finalmente, decidí mudarme a Barcelona para tener más oportunidades como interiorista. Pero sucedió algo maravilloso e inesperado: el yoga llegó a mi vida. Aunque al principio no era fácil encontrarme tan de cerca conmigo misma, fue lo que empezó a sanar toda mi historia y la de mi familia. De niña, soñaba con ser bailarina y sentir con profundidad mi cuerpo, emociones y alma, siendo el yoga lo que me reconectó con esta parte esencial de mí.
En 2021, decidí hacer mi primera formación de Vinyasa Yoga y, de inmediato, sentí una energía de conexión mágica despertando en mí el deseo de compartir esta maravillosa herramienta con otras personas. Justo después del retiro de graduación de la formación, estábamos en temporada de eclipses, y el estudio de interiorismo para el que trabajaba decidió no renovar mi contrato. Fue un regalo del universo, y desde entonces he dedicado mi vida, en cuerpo y alma, a la sanación a través del yoga y otras herramientas que han ido llegando a mi camino. Así, realicé en Barcelona dos formaciones de yoga enfocadas en Biomecánica, Anatomía, Movimiento y Salud, mientras ofrecía clases de yoga en estudios, frente al mar, realizando ceremonias de luna llena y retiros en diferentes ubicaciones de España.
Hasta que, en 2023, algo se movió por dentro y quise seguir cumpliendo sueños, viajando y compartiendo yoga por el mundo. Mi corazón me llevó a Colombia, donde fui muy feliz en la Sierra Nevada de Santa Marta, una isla del Caribe y el parque Tayrona, teniendo la gran oportunidad de ofrecer allí un retiro. Conecté con su cultura indígena, que honra profundamente la naturaleza, y conocí personas maravillosas que me ayudaron a darme cuenta de muchos aspectos de mi vida, relacionados con mis ancestros, mi linaje femenino y la sanación de útero. Empecé a sanar realmente la relación con mis padres, lo que me está llevando a sentir verdaderamente la sanación en mí misma.
No creo que sea casualidad que en este viaje fuera también mi primer contacto con el Breathwork, lo que me ha llevado a formarme en esta transformadora técnica, llegando a lugares muy sutiles y expansivos de mi ser. El proceso de esta formación lo he llevado a cabo en México, otra poderosa tierra que me está enseñando mucho sobre la vida, sobre la entrega, la confianza y el valorar lo que tenemos y de dónde venimos.
Me siento muy agradecida por toda la sabiduría que recibo, respetando mis tiempos para integrar. He comenzado a tomarme la vida como un juego, para disfrutarla, conectar con los placeres y recordar que estamos sostenidos por algo más grande. Reconociendo el verdadero significado de tribu, comunidad, tejida. Sintiéndome muy emocionada por realizar también retiros en México, para poder compartir con vosotras las experiencias, lugares, ceremonias, rituales y energías que me están acompañando en esta aventura de transformación.
Si cuando abrí la puerta del mundo espiritual con mi primera formación de yoga me cuentan todo esto, no lo hubiera creído. Pero realmente me hace tanto sentido. Ahora me siento plena y es como si todo lo que he vivido ha sido perfecto para llegar hasta aquí.